El modelo de exportación cultural concibe la cultura como una herramienta de influencia global. Su objetivo es promover la cultura como un “puente” para proyectar y fortalecer la influencia de un país en espacios culturales extranjeros. Este modelo se materializa en políticas públicas como proyectos culturales orientados a atraer audiencias extranjeras, entre ellos conciertos, festivales culturales con fines turísticos y asociaciones con empresas de entretenimiento extranjeras. Ej.: K-Pop en Corea del Sur.
Por su parte, el modelo de preservación cultural concibe la cultura como un fin en sí mismo y busca mantener sus manifestaciones en su forma original, priorizando a las comunidades locales que las producen y reproducen. Este modelo se materializa en políticas públicas orientadas al cuidado cultural, como la creación de museos y la realización de festivales culturales dirigidos principalmente al consumo local. Ej.: La Politica Nacional del Ministerio de Cultura Chino.